Una revisión de más de 7.200 estudios publicada en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs no halló beneficio general para la salud en ningún nivel de consumo y detectó mayores riesgos por encima de una bebida al día.
Un nuevo análisis publicado en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs concluye que los niveles de consumo que muchos estadounidenses consideran moderados se asocian con mayores riesgos a lo largo de la vida de muerte prematura, discapacidad, cáncer y enfermedades cardíacas. Investigadores de Estados Unidos y Canadá revisaron más de 7.200 artículos científicos sobre enfermedades y lesiones vinculadas al alcohol y combinaron esa evidencia con grandes bases de datos sanitarias nacionales y modelos estadísticos para estimar el riesgo vital en distintos niveles de consumo. Katherine Keyes, coautora de la Universidad de Columbia, afirmó que ofrece las estimaciones estadounidenses más completas hasta la fecha sobre mortalidad y morbilidad atribuibles al alcohol.
El equipo no observó ningún efecto protector estadísticamente significativo sobre la salud general en ningún nivel de consumo. Reconocieron que un consumo bajo puede asociarse con menor riesgo de cardiopatía isquémica e ictus, pero señalaron que esos posibles beneficios quedan superados por los vínculos del alcohol con cánceres de boca, esófago y mama, además de enfermedades hepáticas y lesiones, incluso entre quienes beben siete bebidas por semana. Dos bebidas al día, un nivel que suele verse como socialmente moderado, se asoció con un riesgo sustancialmente mayor de muerte prematura atribuible al alcohol, y beber más de una al día se vinculó con mayor riesgo tanto en hombres como en mujeres, según los investigadores.
Los autores indican que los resultados aportan detalle numérico a las últimas Guías Alimentarias de EE. UU., que recomiendan limitar las bebidas alcohólicas sin precisar una cantidad. Subrayan que las cifras describen riesgos poblacionales y no la probabilidad de que una persona concreta enferme, ya que la genética, el estilo de vida y los patrones de consumo varían. También señalan que las relaciones con otras enfermedades, como el cáncer de páncreas, requieren más estudio. El autor principal, Kevin Shield, de la Universidad de Toronto, dijo que el riesgo comienza con consumos bajos y sigue aumentando. Los datos proceden de un resumen del estudio publicado por ScienceDaily; quien tenga dudas sobre su salud debe consultar a un médico.



