Investigadores de UCLA Health informan de que la exposición residencial prolongada al clorpirifos se asoció con más de 2,5 veces el riesgo de enfermedad de Parkinson y de que el pesticida altera un proceso celular de limpieza en modelos animales.

Investigadores de UCLA Health informan de que las personas con exposición residencial prolongada al clorpirifos, un pesticida agrícola de uso generalizado, tenían más de 2,5 veces el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson que las no expuestas. El estudio, publicado en Molecular Neurodegeneration, se basó en 829 personas con párkinson y 824 sin la enfermedad, todas inscritas en el estudio «Parkinson's Environment and Genes» de la universidad. El equipo combinó los detallados registros de aplicación de pesticidas de California con el historial de domicilios y lugares de trabajo de los participantes para estimar cuánto clorpirifos pudo haber encontrado cada persona a lo largo de los años.

Para comprobar si el compuesto puede causar el tipo de daño observado en la enfermedad, los científicos expusieron ratones al clorpirifos en forma de aerosol durante 11 semanas. Los animales desarrollaron dificultades de movimiento, perdieron neuronas productoras de dopamina y mostraron inflamación cerebral y una acumulación anómala de la proteína alfa-sinucleína. Los experimentos con pez cebra apuntaron después a una alteración de la autofagia, el sistema de reciclaje con el que la célula elimina proteínas dañadas, y restaurar ese proceso o eliminar la sinucleína protegió a las neuronas en el laboratorio. El autor principal, el doctor Jeff Bronstein, afirmó que el trabajo establece el clorpirifos como un factor de riesgo ambiental específico y que la asociación es probablemente causal.

Hay varias salvedades. El análisis poblacional muestra una asociación y por sí solo no puede demostrar que el pesticida cause directamente el párkinson; el mecanismo y el efecto protector solo se han mostrado en modelos animales y de laboratorio, por lo que aún no se sabe si potenciar la autofagia ayudaría a las personas. El clorpirifos se prohibió para uso residencial en Estados Unidos en 2001 y sufrió nuevas restricciones agrícolas en 2021, pero se sigue usando en muchos cultivos allí y continúa aplicándose ampliamente en otros países. Esta información se basa en el relato de la universidad sobre sus hallazgos, tal como lo difunde ScienceDaily, y los resultados no han sido replicados de forma independiente.